Si uno observa el mapa americano, se encontrará con una distancia de 4327 km entre Argentina y Ecuador y diría lo único que rompe la barrera entre ambos países es la lengua común. Sin embargo, este año se sumaron nuevos puentes de conexión, los cuales, sorpresivamente vinieron de las coyunturas económicas y políticas que ambos Estados atravesaron. Dolarización, ballotage, inseguridad, corrupción, cambio, ideologías, expresidentes (Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Rafael Correa) con fuerte presencia en la agenda pública, son algunos ejemplos para que puedan entender de qué hablo.

Con está innumerable lista de temas, me invitaron algunos colegas a participar en el análisis de los hábitos electorales ecuatorianos y argentinos. ¿A qué me refiero con esto? A los factores que determinaron las decisiones de las personas al votar y cómo llegaron a tomar la determinación de colocar el sobre en las urnas. Claramente, entre la convocatoria a los comicios y la resolución de los mismos sucedieron varios acontecimientos, pero creo que un análisis comparativo (con las particularidades que tiene), será interesante para cada uno de los lectores.

En este contexto, es importante iniciar por el punto de partida del camino electoral, donde nos vamos a encontrar con algunas diferencias: Ecuador celebró comicios sólo porque el entonces presidente Guillermo Lasso recurrió al art. 148 disolviendo la Asamblea Nacional y adelantando la fecha del reemplazo presidencial- le quedaba dos años aún de mandato-. Mientras que en Argentina, todo tuvo lugar en el marco del proceso constitucional tradicional.

El primer punto de coincidencia proviene del contexto que ambos países atravesaban: crisis económica y cuestionamientos a las fuerzas políticas tradicionales. De hecho, Argentina enfrenta uno de los peores períodos en materia inflacionaria llegando a los tres dígitos anuales y un déficit fiscal sustancial; éste último punto lo comparten con Quito y a este se le suma el problema de cumplir con los compromisos con el Fondo Monetario Internacional. Mientras que en el ámbito político, la lucha contra la corrupción y el deterioro de la situación social, llevo a la irrupción de nuevos candidatos con visiones diferentes de cómo atenderla; tal como nos indicaron los encuestados que participaron en el estudio que resaltaron en la categoría de determinantes del voto a la corrupción y el cambio.

Antes de pasar al próximo punto de comparación, quisiera detenerme un segundo en un dato clave a subrayar: durante la campaña por la Casa Rosada nunca se habló tanto de la propuesta de dolarización y del modelo ecuatoriano. Se entrevistaron a varios analistas de ambos países para entender sobre esta experiencia y el impacto que tendría, especialmente, debido a la propuesta del presidente electo, Javier Milei.

El segundo punto de coincidencia es que el votante define parte de su decisión con base a la situación que vive en su día a día, por ejemplo, es claro como Daniel Noboa crece en la aceptación social tras el asesinato del candidato Fernando Villavicencio y a su vez, Luisa González pierde su posibilidad de ganar en primera vuelta. En paralelo, Javier Milei logró consolidar su campaña a medida que la ciudadanía veía como deterioraba su capacidad adquisitiva y empezaba a cuestionar las políticas propuestas por el entonces oficialismo.

Por otra parte, un tercer punto que quizás algunos puedan quitarle relevancia, pero tiene un efecto simbólico importante: es la forma en que pretenden relacionarse con los demás poderes del Estado y la sociedad. Tanto Daniel Noboa como Javier Milei remodelaron las formas de asunción: uno sólo le dedicó 8 minutos a la Asamblea Legislativa y el otro, decidió hablarle a la gente y no a los diputados y senadores que estaban en el recinto. Ejemplos claros del cambio, sin que esto pueda significar que sea bueno o malo, pero representa una realidad diferente a las de sus antecesores y más si consideramos que la gente ponderó en su elección “el cambio”.

El cuarto punto a destacar es que en ambos casos las figuras de los expresidentes tuvieron un rol determinante en los comicios, ya sea tanto en aspectos positivos como negativos. Las presencias de Rafael Corre, Mauricio Macri y Cristina Kirchner, fueron claves en el discurso electoral de detractores y simpatizantes, inundando las redes sociales con simplificaciones básicas, pero efectivas para los tiempos de la digitalización y los 280 caracteres. 

Durante los estudios que mencioné anteriormente- Hábitos Electorales en Argentina y Ecuador realizados por Acces Estrategas- se indagó sobre la incidencia del género, religión y estado civil. Claramente, la sociedad cree que no tienen un peso definitivo, pero eso no quita que puedan incidir indirectamente en las creencias o cosmovisiones sobre la gestión pública. Por otro lado, los votantes argentinos están más politizados que los ecuatorianos, dedicándole más tiempo a informarse, un promedio de 1:00hs a 3:00hs diarias, cifra que en Ecuador se ubica entre la 1:00h y 2:00hs.

El quinto punto y último antes de ingresar a las conclusiones, se desprende de que ambas sociedades valoraron como cualidades importantes de los candidatos la transparencia, el conocimiento y la lucha contra corrupción. Claramente, un símbolo de lo que las sociedades esperan de sus nuevos presidentes y también, tiene sentido si se observa que durante las campañas tanto Noboa como Milei resaltaron sus conocimientos técnicos en los campos de estudio o formación que tienen. Mientras que sus competidores se centraron en sus experiencias previas en la gestión y criticaron la falta de la misma en los que resultaron ganadores (un fenómeno inverso con la corrupción). 

Finalmente, Argentina y Ecuador volvieron a cruzar sus caminos políticos (previamente había tenido lugar con la sintonía ideológica de Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner y Rafael Correa), enfrentándose a desafíos similares: cambio, lucha contra la corrupción y tener un sendero de estabilidad. Ambos países, tienen presidentes electos que intentan representar algo nuevo y esto es lo que los votantes definieron para depositar su confianza en las urnas. En conclusión, podemos decir que la distancia se cerró y la historia se cruzó.