El año 2024 traerá una serie de elecciones presidenciales claves para América Latina, sobre todo para diferentes modelos políticos que ganaron centralidad en la región debido a las fuerzas de sus discursos dentro y fuera de sus fronteras (El Salvador y México); y países que definirán la continuidad de sus esquemas de poder o cambiaran profundamente sus administraciones (Uruguay y Venezuela). 

En este contexto, Nayib Bukele y Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no se caracterizan por los puntos de conexión ideológica, sino por la relevancia que lograron imponerles a sus mandatos, por ejemplo, son numerosos los estudios en la región o las referencias que líderes de otros países americanos (Ecuador, Argentina y Paraguay) dan a la política de seguridad del presidente (en licencia) de El Salvador (un estudio del Barómetro de la Seguridad en Chile señaló que el 85% de los encuestados apoyaba su modelo). Mientras que otros tantos, dieron al mexicano el protagonismo central para una izquierda que necesita una figura fuerte en el norte del Continente, un puente de conexión con Gustavo Petro en Colombia y Lula Da Silva en Brasil.

Cabe destacar que el oficialismo mexicano vivirá la obligada renovación, con una candidata que logró el apoyo de AMLO, Claudia Sheinbaum. La exjefa de Gobierno de la Ciudad de México enfrentará a Xóchitl Gálvez, líder de la coalición opositora integrada por el PAN (Partido Acción Nacional), PRI (Partido Revolucionario Institucional) y PRD (Partido de la Revolución Democrática). Dos datos se desprenden de este escenario, el país estará presidido por primera vez en su historia por una mujer, y por otra parte, la búsqueda de alianzas entre fuerzas tradicionales para sumar herramientas electorales frente a la aceptación social del actual mandatario (55% positiva-45% negativa- Fuente: Diario Nacional).

En el caso de El Salvador, el presidente Bukele decidió tomarse licencia por seis meses para encarar la campaña y se enfrentará- al igual que México- a diferentes coaliciones integradas por los partidos políticos más tradicionales del país: Alianza Republicana Nacionalista (Joel Sánchez) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Manuel Flores). Está elección, donde el mandatario actual lidera las encuestas, levantó mucho interés dentro del continente, debido al protagonismo que fue ganando “el modelo salvadoreño” en la agenda de seguridad regional. De hecho, crece la idea de exportar este esquema a otros países, un fenómeno similar al vivido con Lula en la década del 2000 y las nuevas izquierdas; o Bush con su Ley Patriot en 2001.

El protagonismo de ambas contiendas, puede verse opacado por el proceso electoral en Venezuela. Este año, deberían tener lugar los comicios presidenciales, pero la legitimidad de éstos quedará sujeto a la posibilidad de que la oposición pueda competir libremente. El dialogo iniciado en Barbados entre las Partes, aún no destrabó algunos de los problemas centrales de la agenda, entre ellos, la libertad para que Corina Machado- líder opositora- pueda participar, pese a la inhabilitación del Tribunal Electoral Nacional. Mientras tanto, Nicolás Maduro juega a la incertidumbre respecto a las fechas, candidaturas y garantías del proceso; símbolo de la preocupación que le genera la exposición judicial de una posible derrota.

Por otra parte, el MERCOSUR enfrentará una elección importante: Luis Lacalle Pou- y su coalición gobernante- buscarán retener el poder ante el crecimiento del Frente Amplio. El mandatario; famoso por su idea de empujar al bloque hacia la posibilidad de que sus integrantes firmen acuerdos de libre comercio bilaterales y que se flexibilicen algunas medidas que afectan el comercio exterior; tendrá que resolver algunos de los problemas que le provocó la crisis interna en su gabinete por otorgarle el pasaporte a un acusado de narcotráfico. Actualmente, la oposición se mantiene al frente del oficialismo en la carrera presidencial, pero este último confía en remontar los números, considerando que falta para el 27 de octubre.

Finalmente, el año promete grandes desafíos para América Latina. Cada una de las elecciones puede repercutir en las posibilidades de un mayor acercamiento entre los diferentes países o la fragmentación en bloques ideológicos. Este fenómeno podría asemejarse al vivido – anteriormente- con los procesos de cambio en Argentina (Cristina Fernández de Kirchner-Mauricio Macri), Brasil (Dilma Roussef-Michel Temer- Jair Bolsonaro), Chile (Michelle Bachelet-Sebastián Piñera), Uruguay (José Pepe Mujica-Luis Lacalle Pou), Colombia (Iván Duque-Gustavo Petro). 

Es de esperar que estos resultados repercutan en las elecciones de 2025 (Chile, Bolivia y Honduras) gracias a una mayor injerencia regional en los temas locales. Podremos encontrar candidatos que revaliden las ideas en seguridad de Nayib Bukele o las políticas de la “Cuarta Transformación” de Andrés Manuel López Obrador. También habrá que analizar los impactos de la batalla entre Joe Biden y Donald Trump por la presidencia estadounidense.