• Feb. 11, 2024
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Recientemente ganó notoriedad en diferentes medios regionales e internacionales la posibilidad de avanzar con el tan prolongado- y anunciado- Acuerdo de Libre Comercio (TLC) entre el Mercosur y la Unión Europea. Sin embargo, quizás vale la pena detenerse en el año 2023, que trajo algunos casos especiales de nuevas alianzas e iniciativas internacionales para América Latina. Hitos que se movieron al ritmo de necesidades domésticas de financiamiento, afinidad ideológica y búsqueda de ganar protagonismo en la creación de nuevos espacios de cooperación. 

En este artículo, seguiremos cuatro casos distintivos, sin que esto represente exhaustividad, debido a que hay algunos ejemplos que quedaron fuera de la lista, ya que serán incorporados en otros análisis, por ejemplo, la ampliación de los BRICS y la decisión argentina de rechazar la membresía. Priorizaremos aquellos que representan una novedad o un cambio significativo en la matriz diplomática para un Estado de la región. 

El primer caso al que nos referiremos, es la decisión de Honduras de romper relaciones bilaterales con Taiwán y el reconocimiento de “una sola China”, éste hecho significó un golpe muy duro para la Isla, quedándose con sólo 13 países que la reconocen a nivel internacional. El cambio de paradigma- liderado por la presidenta hondureña, Xiomara Castro- se centró en la búsqueda de apoyo financiero para atender a la crisis de deuda y conseguir, también, capitales para avanzar con las obras de infraestructura que Taipéi rechazó acompañar. En este sentido, los vínculos iniciados en 1941, quedaron bajo el yugo de China y las necesidades internas de corto plazo de un gobierno que justificó su decisión en “pragmatismo no en la ideología”.

Por otra parte, el segundo caso de este artículo, no se refiere a un cambio de paradigma en las relaciones exteriores de un país sino a la afinidad en ideas políticas, estamos hablando de la visita del primer Ministro de Hungría, Viktor Orbán a la asunción del presidente argentino, Javier Milei. Es de público conocimiento que hay muchos puntos de conexión entre ambos mandatarios- con excepción del conflicto entre Ucrania y Rusia- en relación al rol que debe jugar el “Estado” en la vida de los ciudadanos. 

De hecho, es la primera visita de un alto cargo del país europeo desde 1997 (Presidente Árpád Göncz), representando todo un gesto para los demás integrantes de la Unión Europea que están enfrentados al Orbán por sus acercamientos a Moscú. Se podría asimilar este caso a las afinidades del presidente argentino con Donald Trump y la contradicción de necesitar el apoyo de la administración demócrata de Biden para la negociación con el Fondo Monetario Internacional.

En tercer lugar, se destaca la intención del gobierno de Kenia de liderar una misión de fuerza internacional en Haití para hacer frente a los grupos de crimen organizado y pandillas que están acelerando la inestabilidad política local. Nairobi anunció el 29 de julio que estaba dispuesta a desplegar 1000 policías “para ayudar a formar y asistir a las fuerzas haitianas a restablecer la normalidad en el país y proteger las instalaciones estratégicas”; una coalición que estaría acompañada por Jamaica, Bahamas y Antigua y Barbuda, y que tendría el respaldo económico de Estados Unidos con USD 100 millones. 

La decisión del gobierno de William Ruto representaba la primera incursión de este tipo para un país africano en Centroamérica y el Caribe, pero en el camino, despertó una serie de críticas de la oposición parlamentaria que la consideró ilegal y recurrió al máximo órgano judicial. En este contexto, el Tribunal Superior terminó prohibiendo el despliegue de las tropas, después de establecer que el Consejo de Seguridad Nacional keniano no tiene potestad para mandar a los agentes al extranjero, principalmente, por la falta de un acuerdo reciproco de cooperación en materia de seguridad interna.

Continuando con la conexión o acercamiento entre América Latina y África, se destaca como cuarto caso, las visitas (en dos ocasiones) de la vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez, a Ghana, Kenia, Etiopía y Sudáfrica. Enmarcadas en la “Estrategia África 2022-2026” del gobierno de Gustavo Petro, la mandataria tiene la misión de profundizar las relaciones con aquellas naciones que representan “la mayor perspectiva de crecimiento económico”, y revindicar a la población colombiana con raíces afrodescendientes. 

Colombia tiene cierta relación con países africanos, localizando embajadas en Argelia, Egipto, Marruecos, Sudáfrica y Kenia, pero no en Nigeria y Etiopía. A su vez, en materia comercial, el continente sólo representa el 2% de sus exportaciones- un valor similar al de Perú-, por ende, la intención de estos viajes ha sido profundizar las complementariedades entre ambas económicas. Sin embargo, por el momento, los resultados más tangibles han sido la decisión de instalar una misión diplomática en Ghana y la creación de equipos de trabajo con Sudáfrica; sin ahondar en el reciente incremento de refugiados que llegan al Aeropuerto El Dorado en Bogotá y que despiertan las críticas de los sectores opositores a Petro.

Finalmente, como se destacó al inicio de este artículo, estos son algunos ejemplos de cómo las relaciones internacionales se cimientan en torno a las necesidades políticas económicas, los cambios ideológicos y la búsqueda de un protagonismo más activo en el escenario global (con los beneficios que trae esto aparejado). El próximo análisis se centrará en el Acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, el estado de las negociaciones y los factores políticos que las atraviesan.